COORDINACIÓN PSICOMOTORA

 

   La meta del desarrollo psicomotor, refieren Palacios, Jesús y Mora, Joaquín (1991); es el control del propio cuerpo hasta ser capaz de sacar de él todas las posibilidades de acción y expresión que a cada uno le sean posibles. Ese desarrollo implica un componente externo o práxico (la acción), pero también un componente interno o simbólico (la representación del cuerpo y sus posibilidades de acción).

    El ser humano es una unidad psico-afectivo-motriz y en consecuencia, sería ilógico considerar los diversos aspectos del desarrollo del niño, como entidades separadas.

    Refiere Wallon, H. (1974), que el niño se construye a sí mismo a partir del movimiento; o sea, que el desarrollo va del acto al pensamiento, de lo concreto a lo abstracto, de la acción a la representación, de lo corporal, a lo cognitivo.

APRENDIENDO A COORDINAR

    Por tanto, el desarrollo, más que psicomotor, es motor – psíquico.

Bernstein (1967), estudió los mecanismos básicos del movimiento y formuló una teoría neuropsicológica sobre los niveles de construcción del mismo.  Los actos motores con los cuales nace el hombre, son muy limitados, tanto en cantidad, como en la complejidad de su coordinación. Todo el principal fondo motor del hombre, sus actos motores más complejos, son adquiridos como resultado del aprendizaje y de la maduración morfológica y funcional tanto del sistema nervioso, como del sistema osteomioarticular, fundamentalmente. Estos movimientos surgen como resultado de la experiencia adquirida durante el transcurso de la vida individual.El aprendizaje se basa en el desarrollo sensoriomotor. El niño no aprende el movimiento, sino la sensación del movimiento. No es posible la formación de un hábito, sin repetidos intentos prácticos.

   Las praxias, según Piaget, J. (1960), no son más que “sistemas de movimientos coordinados en función de un resultado o de una intención”. Tanto este autor, como Wallon H., las concibieron como inherentes al proceso de desarrollo del pensamiento y del lenguaje.

 En 1909, el francés Dupré, se refiere por primera vez al término psicomotricidad, poniendo de relieve las estrechas relaciones que unen las anomalías psíquicas y las motrices.

Ramos, F. (1979), argumenta que podemos entender la psicomotricidad como una relación mutua entre la actividad psíquica y la función motriz. Señala este autor, que independientemente de que la base de la psicomotricidad sea el movimiento, ésta no es solo una actividad motriz, sino también una actividad psíquica consciente, provocada ante determinadas situaciones motrices; o sea, que la psicomotricidad es la integración de la motricidad elevada al nivel del desear y del querer hacer. A través de la intervención del psiquismo, el movimiento se convierte en gesto, es decir, en portador de intencionalidad y de significación.

DESARROLLO DE LA COORDINACIÓN

 Según la clasificación tradicional, dentro de las conductas motrices de base, figuran principalmente la postura, el equilibrio, así como la coordinación y disociación psicomotriz.   La coordinación, es una función garantizada fundamentalmente por el cerebelo e implica la ejecución de un movimiento con exactitud y el menor gasto posible de energía y tiempo.

 La coordinación se adquiere mediante un proceso madurativo de las estructuras neurológicas y mediante la actividad. Todo ejercicio consiste en la planificación de sinergias musculares, coordinadas entre sí, para lograr un objetivo.

 Para conseguir una coordinación psicomotriz eficaz, es preciso partir de una buena integración del esquema corporal. Refiere Coste, J. C. (1979), que la coordinación psicomotriz, constituye un factor importante en la estructuración espacial del sujeto con respecto a su propio cuerpo (lateralidad) o al mundo que le rodea (orientación). Hay dos tipos:

    1. Coordinación Dinámica General: se refiere a grupos grandes de músculos. Es lo que se conoce como psicomotricidad gruesa. Sus conductas son el salto, la carrera y la marcha, además de otras más complejas, como bailar.

    2. Coordinación Visomotora: actividad conjunta de lo perceptivo con las extremidades, implicando además, un cierto grado de precisión en la ejecución de la conducta. Se le reconoce como psicomotricidad fina o coordinación oculo-manual. Sus conductas son: escribir, tocar instrumentos musicales, dibujar, gestos faciales, actividades de la vida diaria.

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